El Juez
Como me molestas, don juicio, y es porque hago juicio de ti mismo. No separarme de ti me rompe por dentro, en lo más profundo de mi ser. Sin embargo, ¿qué sería de mi vida sin ti? Eres parte de mí y te doy permiso para estar, pero sin controlar.
Lo bueno y lo malo de las cosas, que con el paso del tiempo uno aprende, no existe ni lo bueno, ni lo malo. Si crees que tienes razón, para ti la tendrás; y si crees que no tienes razón, también la tendrás. Lo que sí sé es que no estoy dispuesto a elegir ni a enfocar mi atención en etiquetar como bueno o malo cada acción que hacen los que me rodean. Más sabiendo que, si los amo de verdad, con el amor más puro y verdadero que siento por personitas como mis hijas, nunca podría juzgar sus acciones de manera objetiva.
Cuántas veces he odiado a alguien, acusando a Dios de que no inclina la balanza por nada ni nadie, de que es injusto y permite el mal en la tierra. Y aquí me vuelvo a preguntar: ¿podría yo hacerlo con mis hijas? En el hipotético caso de tener la vara del castigo, ¿decidiría cuál de las dos debería vivir y cuál morir o existir, cuál debe ir al cielo y cuál al infierno?
Ahora entiendo que no debo ni quiero ser yo el que tenga esa responsabilidad, la responsabilidad de decidir qué está bien y qué está mal. Me planteo que, aunque el juez esté dentro de mí, no hace su trabajo correctamente. Dictamina el resultado de un juicio injusto sin ver todas las versiones ni hechos. E incluso si así fuera, la cuestión es: ¿qué llevó o vivió una persona en su vida para tomar sus decisiones inconscientes y su justificación consciente, que terminó en esa acción?
Lo que sí queda claro es que el juicio es parte de la dualidad que vivimos como seres humanos. Entiendo y comprendo que, si me baso en que el juicio es parte de la dualidad, si hago un juicio injusto al otro, también me lo haré a mí mismo. Por eso, es totalmente necesario hacerme varias preguntas: ¿Cómo me hablo? ¿Permitiría a otro hablarme y tratarme como yo lo hago conmigo mismo? ¿Soy justo conmigo? ¿Qué pasaría si mis padres me exigieran ser tan perfeccionista como me lo exijo a mí mismo?
Lo que está fuera está dentro, lo que está dentro está fuera. Todo lo que me molesta de ti es algo que me molesta de mí mismo. Todo lo que me gusta de ti es algo que me completa y me gusta de mí mismo, aunque no lo logre ver en mí. Esto crea un vínculo perfecto para lograr el equilibrio entre lo que doy y recibo, lo que no tengo y el otro sí, y viceversa.
La clave está en no anclarse en una idea fija como conclusión a las acciones del otro, no ponerle tanta atención, que es lo mismo que tiempo y energía. Hay que aprender o entender que el juicio es un gran aliado que nos ayuda a entendernos a nosotros mismos, comprendiendo que la incomodidad que sentimos es algo que se nos presenta para investigar nuevas áreas de nosotros mismos y reforzar las cosas que nos hacen sentir bien con la ayuda de los demás.
La conclusión es que cada persona que tenemos en frente nos hace de espejo a nosotros mismos, a lo que tenemos dentro. Por eso, para cada persona, una situación y una interacción social es totalmente diferente, y la vivimos desde un punto totalmente opuesto, un color totalmente distinto del arcoíris.
Cada ser individual tiene sus propias leyes, basadas en sus creencia y valores. Estas serán las bases de sus leyes como si fueran la constitución de un estado. Desde esas leyes y sin pruebas saldrán la sentencia final de los juicios que haremos en cada instante
Con todo esto, quiero reforzar la idea de que vivimos en un plano de necesidad, como puede ser la comida o el agua, y que simplemente hay que fluir con el lenguaje del universo. No hay que anclarse en ideas fijas ni extremos que nos hacen vibrar bajo, que nos hacen sentir mal, que nos separan. Así que cada vez que me siento frente a varias personas a dar una charla estoy realmente agradecido de su presencia porque gracias a ellos me permite seguir creciendo a través de la palabra; cada mirada, cada gesto me hace reflexionar y crecer.
El juicio tiene bastante similitud con el miedo o el sentido de su existencia en nosotros. El miedo está ahí para darnos otro punto de vista y es necesario para la supervivencia, pero no podemos vivir en él. Debe acompañarnos, pero no debe ser la brújula de nuestras vidas. Debemos entender el idioma de las emociones y usarlas a nuestro favor, al igual que el juicio, que es maravilloso y fundamental en nuestras vidas, pero no puede ser nuestra vida. Lo ideal es soltar el juicio y no aferrarse al pensamiento critico, solo observar sin identificarte con esa idea