EL AMOR
He tardado meses en entender cuál era el mensaje que podía transmitir sobre el amor. Me parecía imposible expresar con palabras un tema tan elevado y profundo como este. Para que la inspiración y las palabras llegaran, he tenido que sufrir una ruptura del corazón que ha tambaleado mi mundo y me ha dejado casi sin energía. No ha sido una ruptura ni un amor romántico. Ha sido el dolor de un amor mucho más verdadero. Sin embargo, al alejarme del amor por el dolor que ha impregnado mi cuerpo, he podido bajar mi energía y poner en palabras mi visión sobre este tema.
Se habla mucho de que el miedo es la energía que mueve el mundo, si miramos más profundamente, es el amor la verdadera causa y el origen de todo. Si levantamos la alfombra podemos ver bajo la capa del miedo que es el amor que tenemos por nosotros mismos o por los demás lo que nos crea inseguridades enmascaradas con el miedo. Nos amamos tanto que no queremos sufrir. Sin embargo, nos perdemos en el camino poniendo el foco en diferentes circunstancias, aferrándonos y dejando que los árboles no nos dejen ver el bosque. Al centrarnos con una mirada muy reducida, dejamos de observar el amor como algo global y holístico; ya no vemos el amor que sentimos por los otros, ya no tenemos misericordia. Sin embargo, de alguna manera, en lo más profundo de nuestro ser, los amamos a tal nivel que no queremos sentirnos solos y buscamos constantemente la atención del prójimo, perdiéndonos en el camino con estrategias y conceptos banales que carecen de profundidad y sentido si no ponemos como base el amor, el verdadero amor que sentimos por nosotros y por los demás. Esto tiene consecuencias fatales, ya que, al final, todo lo que nos provoca es un vacío existencial dentro de nosotros y una profunda sensación de soledad.
En este camino finito llamado vida, es posible que no debiéramos pensar tanto y sí debiéramos sentir más, siguiendo los impulsos de nuestra intuición y de la expresión de nuestro propio cuerpo. Así podríamos vivir sintiendo el verdadero aliento de la vida, respirando desde el amor por nosotros, por los que nos rodean y por la misma vida, sin detenernos a razonar todas esas pequeñas interferencias que observamos y en las que nos paramos a valorar y enjuiciar en nuestra propia existencia. Menos reflexión y más amor nos haría más grandes y, sobre todo, nos haría sentir más en paz y en calma con nuestro propio ser.
El amor se puede encontrar en pequeños y grandes actos a diario. Pararte a escuchar a alguien con una escucha activa y profunda puede cambiarle la vida a una persona que, a su vez, puede ser un referente para varias personas más que le rodean. Uno nunca sabe los fantasmas con los que camina una persona y, a menos que seas un experto en lenguaje no verbal, no encontrarás indicios de una persona realmente necesitada de una palabra bonita, de esa escucha activa o de un pequeño acto de amor como este. Yo he tenido varios casos a lo largo de mi vida en los que, al hacer estos pequeños gestos de amor, esas personas me han vuelto a encontrar tras varios años y me han dicho que aquellas palabras les cambiaron la vida. Lo más probable es que de mi boca salieran pocas palabras, pero el mayor gesto de amor no era decirles lo que yo pensaba ni dar consejos basados en mis propias creencias, sino escucharlos y entenderles, conectar con ellos desde el amor.
Encontramos el amor en cada rincón de nuestra existencia, en cada acto que hacemos, pero a veces debemos quitar varias capas para descubrirlo. Sin embargo, es la raíz de todo y, así, mueve el mundo y nuestras vidas con fuerza.
El amor lo podemos encontrar en la fe, el dinero, la pasión, la tristeza, el asco, el miedo, etcétera. La fe es el amor en algo que creemos superior a nosotros, algo o alguien que nos cuidará. Pero nos perdemos en la doctrina, aferrándonos a una creencia limitada y, de este modo, le vamos sumando capas que nos alejan del amor. El dinero me dará lo que necesita mi cuerpo material para estarme bien: refugio, alimento, salud. Sin embargo, cuando quiero más del que necesito, empezamos a meterle diferentes capas de ideas absurdas que justifican actos crueles, alejados del amor. Personalmente, una de las justificaciones falsas que más me he encontrado respecto al dinero es esa frase de “cuando tenga tanto dinero, seré feliz”.
El asco es amor a la vida, ya que rechazamos algo que puede provocarnos un mal físico. El miedo nos da otro punto de vista, como un amigo que nos da consejos con la misión de protegernos. Pero debemos entender que, aunque su intención sea buena, somos nosotros quienes debemos tomar la decisión y, así, estar por encima de esas emociones primitivas con origen en nuestro cerebro reptiliano. De este modo, podría seguir enumerando emociones y acciones diarias en las que, si profundizamos, encontramos el amor como base de todo pensamiento, emoción y acción.
Todos tienen la misma base en el amor, pero se quiebran, creando realidades que hacen de espejo a estas diferentes capas. Por eso, debemos tener mucho cuidado a que le ponemos el foco y qué está observando nuestra consciencia. Nuestra mayor prioridad, basándonos en el amor, es trabajar en nuestra felicidad, que, por desgracia, no viene sola, hay que ponerle acción, movimiento y trabajarla todos los días para alcanzar el nirvana, que no es otra cosa que la paz, una sensación de amor infinito.
Hay un amor que parece inalcanzable pero que vive en nosotros, es el amor verdadero, el amor puro. Es un amor que trasciende el ego, que no conoce barreras ni limites. El amor primordial, la raíz de todo, es la unidad. Pero a medida que vamos bajando a nuestras emociones más terrenales, este amor se va quebrando, dividiendo, separándonos y convirtiendo lo tuyo en tuyo y lo mío en mío. La pureza se fragmenta, y nos perdemos en la ilusión de la separación.
Sin embargo, si logramos mantenernos en esta pureza, nos convertiremos en alquimistas, bañando e impregnando todo y a todos los que nos rodean con esa energía transformadora. Cada paso de nuestras vidas pasajeras será mágico, hechizando nuestro propio camino y cambiando nuestro destino como si fuera el conjuro más potente del universo. Vivir desde este amor puro no solo ilumina nuestro sendero, sino que transforma el mundo a nuestro alrededor, tejiendo conexiones profundas y recordándonos que, en esencia, todos somos uno.