EL FLUJO DE LA EXISTENCIA

Me reclino en la cama y apoyo un pie en el suelo, sólido y duro. Me impregna una sensación de limitación. No entiendo por qué un ser humano libre y en su sano juicio elegiría vivir en el mundo material, con sus necesidades, restricciones, dualidades, apegos y dolor.

 

La ley del dolor en este plano es inquebrantable. Caminamos sabiendo que, en algún punto de nuestro viaje, enfrentaremos la pérdida de un ser querido. Sobrevivirlos es doloroso, y si nuestro viaje termina antes, el dolor será de quienes dejamos atrás. No hay eternidad en este plano: solo podemos quedarnos o irnos.

 

Miro a mi alrededor y veo gente que quiere ir extremadamente rápido. Me pregunto si llegar aquí nos ha desorientado, si es que no comprendemos el tiempo, o si, como psique colectiva, aún no hemos logrado alinear nuestra percepción con los tiempos del universo. La búsqueda incansable de "más", de "cuanto antes mejor", nos impulsa sin detenernos a reflexionar qué nos ha llevado en esa dirección. Sin embargo, esta urgencia choca cruelmente con el deseo de que nada cambie, de permanecer en la seguridad de lo conocido, alimentados por el miedo. Así nos apagamos poco a poco en la zona de confort.

 

Y volvemos a la dualidad. Nuestra mente y nuestro cuerpo se mueven por la supervivencia, mientras que nuestra alma busca crecer. Todo ocurre en el mismo escenario, pero con ritmos diferentes. Sin embargo, en el universo existe una ley inmutable que lo define: el universo es movimiento, energía que fluye con su ritmo perfecto. Ni antes ni después.

 

La única manera de comprender esta verdad es trascendiendo la dualidad y volviendo a la fuente: el amor. Entender que todo y todos somos uno. No somos ni importantes ni insignificantes. Debemos amarnos sin restricciones, porque solo así podremos amar a los demás sin separación. El amor propio es el único camino para salir de la ilusión de la separación y fluir con la energía del universo. Esta energía no es dual y debe nacer desde dentro hacia afuera.

 

Me he dado cuenta de algo fundamental: no me merezco nada. Es solo mi ego el que juzga lo que me es dado o quitado como justo o injusto. Todo es cuestión de perspectiva. Sí, hay creencias densas que nos impiden ver con claridad, pero siempre nos queda una elección: dar lo mejor de nosotros en cada instante y vivir plenamente.

 

Y vivir plenamente solo es posible desde el aquí y el ahora. Aquí está el gran secreto.

 

Si quieres mover la energía a tu favor, debes hacerlo en cada instante. No en el pasado, no en el futuro. Querer un futuro diferente mientras permaneces en un presente idéntico carece de sentido.

 

Si todo es energía sin tiempo, sin espacio, pero en constante movimiento, entonces ser un alquimista de la vida requiere aprender a manipular esa energía desde lo único que tenemos y que es real: el presente.

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VIDA