Escucha los latidos de tu corazón

Pongo mi pie en el suelo, ya no puedo pisar tan fuerte.
El infinito es mi horizonte, pero mi piel es mi ancla.

He aprendido a reír y a nadar con cada lágrima.
Ya no me ahogo en la vida; el tacto de mi piel es sutil.

Mis palabras están llenas, por eso la pluma y no la voz.
Los días sin gloria terminan con la caída de la luna,
y con cada amanecer, nace una nueva oportunidad.

Ya no miro atrás, porque he entendido
que solo vemos aquello que podemos comprender.
¿Es el paso del tiempo o las experiencias
las que deslizan el velo de quien soy y hacia dónde voy?

No saber es mi profesión.
Quién diría que, cuanto más ignorante soy, más entiendo, más sabio me vuelvo.

Espero un milagro cada día, pero ya lo tengo.
¿Qué hay más grande que el amor de quienes nos quieren?
Una mirada, una palabra, un simple abrazo…
Digo "simple", pero un abrazo es mucho más elevado
que cualquiera de mis sueños y objetivos en esta vida.

Admito que no sé nada, y así será mi camino:
un sendero lleno de aprendizajes
que abrirán mis ojos y, sobre todo, mi corazón.
Que mi alma se expanda, que mi corazón se llene,
que mis ojos se humedezcan de sensaciones.

Son solo palabras escritas, sí, pero tienen más que decir que una voz.
Eres tú quien puede elevarlas con tu comprensión,
incorporarlas a tu vida y llenar tu corazón y el de los demás.
Que una idea pueda impregnarte, que una emoción pueda tocarte.

Escúchate.
Dile al mundo cómo suenan los latidos de tu corazón.
Porque lo que "es" o "no es" debería ser lo menos importante.
Lo esencial es transmitir palabras llenas de significado,
palabras que den peso a tu vida, a tus instantes,
a tu crecimiento y a lo que ofreces al mundo.

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VIDA